30 de enero de 2006

El sol y la Luna

En la inmensidad del espacio se paseaba tranquilamente el señor Sol, acompañado de un grupo de asteroides y pequeñas estrellas fugaces.De pronto, a lo lejos, se escuchó una voz femenina:-
¡Querido amigo Sol, espérame, quiero conversar contigo!
Era la señorita Luna, que hacía mucho tiempo que no veía a su amado amigo. Deseaba estar cerca de él y continuó llamándolo, casi con ansias, para verlo y amarlo en silencio. Siempre, desde que el tiempo existe, que la señorita Luna ha querido casarse con el señor Sol. Pero éste siempre se le ha escabullido para no tratar el asunto.
El señor Sol, al darse cuenta de la presencia de la señorita Luna, se hizo el desentendido y miró para otro lado, tal como lo hacía siempre. Pero la señorita Luna volvió a insistir y se le acercó a prudente distancia. Y con gran emoción le dijo:-
¡Amigo Sol, no des tanto calor al ambiente para acercarme a tu lado! ¿No ves que te traigo un regalo?A la voz de regalo, el señor Sol se dio vuelta hasta donde estaba la señorita Luna y tratando de no dar mucho calor a su alrededor, y en un tono interesado, le dijo:-
¿Qué me traes de regalo, amiga Luna?
Y la señorita Luna, acercándose al señor Sol, le contestó coqueta:-
Desde el infinito azul, donde moran las hadas celestiales, te traigo de ellas esta lámpara mágica para que tú la enciendas con tu cálido fuego y dé luz a los habitantes del Eter Celestial que se han quedado sin luz -dijo al señor Sol.
Y continuó-. Y a ti te traigo una refrescante soda para que aplaques tu sed y un gran amor de mí, que nació desde siempre.El señor Sol agradecido por la atención que le dispensó la señorita Luna y un tanto perturbado, la miró y le extendió la mano. Después de zamparse la refrescante bebida, el Sol invitó a la señorita Luna a jugar en el espacio con los asteroides y las estrellas fugaces.
Y así pasaron un largo rato del encuentro del señor con la señorita Luna y después de encender la lámpara mágica con su aliento cálido, el señor Sol, reflexionó mirando con mucha ternura a su querida amiga y le dijo con seriedad.-
Yo te aprecio mucho y también te quiero, pero nosotros dos tenemos una misión con la Tierra: de mi parte darle calor, que da la vida al hombre, y de la tuya, en la noche, darle luz a la oscuridad, y eso no lo podemos romper. ¡Cumplamos con nuestras misiones, querida amiga!
Y diciendo esto, el señor Sol emprendió raudo su camino hacia el poniente.
Y la señorita Luna, entristecida por las palabras de su amigo Sol, lo persiguió para tratar de que algún día se case con ella, y ser felices en la inmensidad del espacio.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

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